No era que a Chávez le quedaran muchos puntos en las encuestas después de su derrota en las elecciones parlamentarias del 26-S -y del conjunto de desastres políticos y económicos que la precedieron durante el 2010-, pero si le restaba algo, es evidente que fue arrasado a causa de su aberrante actuación a raíz de las lluvias que en las últimas semanas no dejaron un solo rincón al abrigo de las inundaciones en toda la geografía nacional.
Un espectáculo que penduló entre lo atroz y lo grotesco, y que si sirvió para algo fue para demostrar que Chávez pretendió presentarse como el salvador, como el único salvador ante las decenas de venezolanos que perdieron la vida, los miles de heridos, y los cientos de miles que quedaron a la intemperie, porque él, y solo él, Chávez, es el principal responsable de que las inclemencias de la naturaleza centuplicaran su potencial.
Y aquí aterrizamos en los 11 años de discursos, peroratas, planes, dislates, fantasías, fiascos, chambonadas, simplezas, chistes malos y peores cuentos, estafas, adulteraciones y versiones de la historia nacional y extranjera que perfectamente podrían tomarse como material para guiones de comiquitas o de películas con argumentos inspirados en héroes de repúblicas bananeras.
Pero lo peor ha sido el odio, el rencor y el resentimiento con que pretendió-y logró en un momento- dividir al país, presentándose como el campeón y liberador de los pobres, como el redentor que venía a salvarlos del infierno de la miseria, la desigualdad y las injusticias en que criminalmente los tenían sometidos los ricos y ofrecerse a conducirlos al paraíso terrenal donde ya los marxistas y socialistas de todos los pelajes y escuelas habían destruido a una treintena de países que durante el siglo XX fueron arrastrados a su utopía.
Remake de una estafa que Chávez trató de actualizar viajando por el mundo, intentando resucitar la Guerra Fría, presentándose como el restaurador del comunismo, el heredero de Lenin, Stalin, Mao y Fidel Castro y financiando una suerte de nueva entente anticapitalista, antiimperialista y antinorteamericana con la renta petrolera venezolana que, apartir del 2004, conoció un ciclo de alzas que catapultó los precios del crudo hasta 128 dólares el barril.
Nació por esa vía “el socialismo petrolero venezolano”, un experimento que consistió en utilizar el ingreso proveniente de las exportaciones de petróleo para crear una estructura clientelar que, si bien llegó alcanzar algunas capas de los sectores más pobres del país, fue básicamente dirigido a apoyar los gobiernos cuyas políticas se inscribían en una suerte de revival del socialismo y la Guerra Fría que tenía como centro al eje Caracas-La Habana.
Un delirio de raíz, carácter y naturaleza estrictamente chavista, que significó el despilfarro de la renta petrolera nacional que se exponenció a raíz del alza de los precios del crudo que cubrió el ciclo 2004-2008, que reflotó economías latinoamericanas con problemas como la argentina y la brasileña, promovió la emergencia de gobiernos de izquierda como los de Nicaragua, Ecuador y Bolivia y financió los últimos estertores de la dictadura totalitaria cubana que, no obstante la cuantiosa ayuda chavista, aun continua en articulo mortis.
En otras palabras: que las grandes tareas del desarrollo nacional fueron postergadas, abandonadas u olvidadas, no sólo permitiendo que la infraestructura física del país que llegó a ser en un momento la más avanzada de América latina, fuera deteriorándose hasta sufrir colapsos como los del viaducto de la autopista Caracas-La Guaira y del sistema eléctrico nacional, sino también dejando a medio construir, o sin construir, represas, termoeléctricas, complejos habitacionales, hospitalarios y educacionales, universidades y estructuras que contribuyeran a la productividad en empresas públicas y privadas.
En todo lo que ha contribuido, en definitiva, a que los estragos de las lluvias e inundaciones de las últimas semanas tomaran un carácter de catástrofe nacional y que el gobierno de Chávez luciera, en todo momento, incapaz de afrontar y gerenciar la emergencia.
Una tarea ciclópea que solo pudo ser acometida por el coraje de la ciudadanía y la participación de los gobernadores y alcaldes de la oposición, que resultaron, a fin de cuentas, los gobernantes con los que realmente cuenta el país.
Entretanto, Chávez, se aprovecha de un desastre que involucraba a los dos terceras partes de los estados que constituyen al país, para “continuar haciendo su revolución”, un esperpento que en su mentalidad anacrónica y desintegrada no significa otra cosa que decretar expropiaciones de fundos, hoteles, fábricas, comercios y tierra de disímiles usos.
Y todo para demostrar que ahora si, después de 11 años en el poder y de despilfarrar UN BILLON DE DÓLARES producto del ciclo alcista de los precios del crudo, está dispuesto a preocuparse del grave problema habitacional que agobia a los pobres del país, pero en ningún sentido construyendo nuevas viviendas, acometiendo planes audaces que en poco tiempo les ofrezca un techo a los damnificados, sino echándole el guante a las que ya había construido o estaba construyendo el sector privado, y a jugar otra vez el rol de un revolucionario de un nivel de incompetencia tan abismal que solo ofrece y da lo que otros construyen.
No se piense, sin embargo, que como parte de una política de reconciliación nacional, de diálogo y de concordia en la cual resultara de lo más natural que el sector público y privado contribuyeran, se ayudaran, y colaboraran, sino exacerbando la campaña de pobres contra ricos, llamando a los primeros a despojar a los segundos e incitándolos al plan de destrucción de la nación venezolana que es realmente lo que se trae Chávez entre manos.
Aberración que es imposible que en estas, ni en otras circunstancias, puede hacer parte del ideario de un país que, como nunca, requiere del esfuerzo de todos para superar los daños físicos y morales que nos deja una tragedia que, en mucho sentidos, supera a la sufrida hace 11 años en el Estado Vargas, pero que como un daño adicional, condena a Venezuela a estar en manos de un gobierno de incompetentes y corruptos que hará poco o nada para remediar los males que nos afligen, porque, no tengan dudas: se empeñará en hacer tabla rasa con lo poco que deja la tempestad.
Y en “ese poco o nada”, nada tan disminuido como el prestigio de Chávez, que cada día es menos un presidente nacional, regional o local para transmutarse en un comisario o jefe civil que hace un uso al margen de la ley de los privilegios que le concede la constitución en su condición de presidente, pero para arrasar con lo que queda de Venezuela y de si mismo.

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