Y desapareció para buscar refugio en unas de las decenas de botellas de fino licor que la servidumbre de las villas recogía en bolsas negras para echar a la basura.
David Morán Bohórquez
Noticiero Digital Enero 1, 2010
El Arañero
Lengua, plata y bota
Por allá en Barinas había un joven flaco apodado “Tribilín”, como el perro medio tonto producto de la imaginación de Walt Disney; sí, el del imperio. Pero este Tribilín no era tonto, era cuentero.
Desde que era vendedor de “arañitas” comprendió que inventar un relato, una fábula o una crónica, muelear pues, le otorgaba más ventajas que la demostración cierta de las cosas. Tribilín desarrolló un enorme poder: Podía ubicar un extremo del arcoiris en la punta de su lengua, mientras el otro, el de la botija, lo ubicaba en la mente de sus interlocutores. Comenzaba así a pavimentar su camino al progreso personal. Se le ocurrió incluso, que podía ser presidente de su país.
Ingresó palanqueado al Ejército Nacional. Un día de visita en su natal Barinas, caminando por un terreno baldío, tropezó con una botella vacía de Ventarrón de la cual emergió una bruja nebulosa.
-Tribilín, soy La Sayona y me has liberado de mi encierro. Te concedo tres deseos.
- Sayona, sólo le pido uno. Quiero ser el comandante de Venezuela.
- Son tres, Tribilín. Pero sólo te falta la plata, para que cada cierto tiempo le des a tus creyentes una limosna que alimente aún más su
necesidad de depender de ti. Ahí está el poder.
Ya tienes la lengua y la bota. La plata se la pedirás en una primera
* instancia los que más aportan. Háblales que ahora sus impuestos si
llegarán a los más pobres, que tu gobierno si sabrá redistribuir la solidaridad de los que pagan impuestos. Una vez en el poder señálalos como culpables, para ello tienes el petróleo, también de ellos, pero de tu manejo exclusivo. Luego quítales las empresas, no se las pagues y ahí tendrás entonces toda la plata del país. En ese momento serás “el comandante”.
- Entendí Sayona, está claro. Lengua, plata y bota son mis elementos.
- Pero cuídalos que se agotan. La lengua se cansa, la plata no la produces, no es tuya y la bota es traicionera, se revierte.
- ja, ja, Sayona. Yo soy un soldado, un paracaidista, un jefe de tanques.
A finales de un decenio, el arañero Tribilín daba cadenas y además pasaba un resumen de las mismas al día siguiente. En ellas repetía, tengo una ollita por acá que rasparé, otra por allá. Me queda en un bolsillo y en el otro tanto. Tres protestas labores diarias y en ascenso estrujaban su bipolaridad
-¿por qué no elegí ser presidente en vez de “el comandante”?
- “Porque eres un soldado” le respondía su lóbulo izquierdo.
En su último discurso del decenio prometió una guerra de 500 años al “imperio”, un enemigo ficticio que le había dado excelentes resultados en el imaginario popular en el pasado. Pero sintió un escalofrío en el espinazo al tener que decirles a sus oficiales y soldados que tuviesen paciencia para cobrar lo que les adeudaba.
El Arañero sabía que la maraña de ir a una guerra de gratis no iba caer bien en una tropa que ya no le sonreía. “Tendrán que traer un ejército importado para darme un golpe” le gritó al miedo. Revisaba y revisaba y las deudas crecían exponencialmente.
Hablaba y hablaba, repetía y repetía y la gente le extendía la palma de la mano izquierda hacia arriba mientras que con el índice de la derecha la señalaba y decían ¡Uh-Ah!, pero Tribilín los ignoraba y seguía hablando y hablando. La gente insistía. ¿Uh-Ah? Y al no ver respuesta le volteaban la cara mientras se metían las manos en los bolsillos vacíos, caminando hacia la nada.
Se fue un 31 de diciembre a su pueblo natal, a las villas de sus padres y hermanos. En un momento decidió evitar el excesivo boato familiar y se apartó hacia la impecable piscina de una de las villas buscando soledad. Se subió los pantalones hasta la rodilla, se quitó los zapatos y se sentó en la orilla de la misma metiendo sus pies en el agua.
-agüita de piscina, rica pa´los pies, exclamó en voz baja.
Fijó su mirada en el agua, que reflejaba luces tenues creando figuras inimaginables junto a las sombras. Pero ahí la vió, estaba La Sayona desparramada en la superficie.
-Sayona, te habla “el comandante”. Se me agotó la lengua, malbaraté los reales. Este pueblo ingrato ya no me quiere ni me teme. Son unos desgraciaos, pitiyanquis!.
- Pero tú vas pegada conmigo hasta el 2030, le susurró con una mirada pícara.
- Son tres Tribilín, recuerdas?, respondió La Sayona
- Claro que recuerdo ¿Qué te crees?. Oye Sayona, pero me queda la bota. ¿Qué hago?
- Yo no sé Tribilín, la ignorancia soy yo. El soldado eres tú.
Y desapareció para buscar refugio en unas de las decenas de botellas de fino licor que la servidumbre de las villas recogía en bolsas negras para echar a la basura.
Bienvenidos
- Iván Ballesteros
- Caracas, Dtto. Capital, Venezuela
- La participación de los oyentes y las denuncias forman el plato fuerte de PLOMO PAREJO. Conducido por el polémico Iván Ballesteros que se caracteriza por descubrir, analizar y difundir temas que conmocionan el acontecer político a través del contacto con sus protagonistas. Sus secciones ya son todo un éxito: “Plomo y Candela” con Ballesteros y la periodista Patricia Poleo, “Misión Imposible”, "El Jalabolas", "Qué hace Chávez con el dinero de los pobres" han dado mucho de qué hablar.
Frases de dictadura.
"Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es el más sagrado de los derechos y el más indispensable de los deberes”. Marqués de Lafayette.
Programa Plomo Parejo íntegro del día 03/04/2014
E-mail: plomoparejo@rcr.com.ve
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Para ver entradas antiguas:
No hay comentarios:
Publicar un comentario