

Opina Gente
Publicado el 02.07.2010 07:40
Por Alexander Cambero
El embaucador régimen totalitario, nos quiere vender una idea que tiene más de 4000 mil años de estar sepultada en las tablillas cuneiformes babilónicas. En ellas, el escriba Ahmes recopiló toda una colección de formas matemáticas, además de explicar como se podían intercambiar pieles por vino. Nace el trueque como genuina expresión de sociedades primitivas necesitadas de mantener sus realidades como pueblos.Hugo Chávez, acaba de despertarse con un proyecto que fue defenestrado por las noches de los tiempos. Sin embargo, se nos ocurre un intercambio que seguramente no haría felices. Quizás podamos seducir al vecino hermano. Si logramos colocar múltiples adornos en el estuche de regalo, podríamos obtener un beneficio espectacular para la salud integral de los venezolanos, un cambalache entre Juan Manuel Santos y el primer mandatario nacional. Para que Colombia acepte someterse al descocado desiderátum, habría que blindar la propuesta con hechos sumamente interesantes. Un extenso crédito petrolero con las ventajas que obtienen Cuba y Nicaragua. La condonación de la deuda por parte del gobierno bolivariano, así como plena libertad para la inversión y el fortalecimiento de la frontera. Posiblemente a vuelta de correo venga Juan Manuel Santos; Santos estudió Economía y Administración de Empresas en la Universidad de Kansas, Estados Unidos, luego obtuvo el grado de Máster en Economía y Desarrollo Económico de
London School of Economics y el Máster en Administración Pública de Harvard University. Sin olvidar su experiencia como ministro de los gobiernos de: Cesar Gaviria, Andrés Pastrana Arango y Álvaro Uribe Vélez.Este talentoso estadista, nos haría un icono en el mundo moderno. Venezuela se colocaría en el mundo de las naciones con futuro promisor. La democracia construiría una sociedad justa y de oportunidades para todos.
Por su parte, Hugo Chávez tiene amplia experiencia en la persecución de la libertad en Venezuela. Es un enemigo jurado de la empresa privada como ancla del desarrollo, sus políticas son gérmenes represivos contra toda forma democrática. Antes, fue un buen administrador de una cantina en un pueblo del estado Apure; de vendedor de coporo frito con tostones de topocho al estrellato presidencial.
El trueque sería un bálsamo para las FARC. Se acabarían sus penurias, con la felicidad de saberse protegidos por un manto de impunidad. El arsenal ruso les daría fuerza para seguir delinquiendo en nombre de la revolución continental.Como buenos hermanos, no queremos que Colombia padezca nuestra desgracia. Un totalitarismo que aprieta la garganta con sus formas mesiánicas de poder. Un liderazgo embustero que miente hasta en la médula. Ellos casi siempre han contado con gobernantes dignos, mientras nosotros producimos dineros que malgasta cualquier Pedro el Escamoso en Miraflores.
Alexander Cambero
alexandercambero@hotmail.com

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