
Jueves, 29 de Julio de 2010
Orlando Urdaneta

Siendo positivo, creo que lo que en aviación llaman un final en corto, se avizora con gran fuerza. Es cuando me planteo preguntas como, cuales son las esperanzas de reencuentro, para el colectivo de un país desdibujado.
Si a tu bandera le sacan o le suman una estrella. Si del escudo cambian un corcel por un zorrillo. No solo te borran la memoria. Porque esa se nos fue en tres generaciones, desinformadas. Lo que te están quitando es mucho más profundo y grave. Lo realmente triste es que te están quitando el piso existencial. La base. El cable a tierra.
Terminas, como pueblo, pareciéndote a nadie, agarrado de las barandas de una confusión premeditada. Hacen, que te avergüences y te guardes para siempre en el gran vacío que han creado dentro de tí.
El color de tu piel, puede llegar a ser bueno o malo, según nuevos códigos. Tu prosperidad será una mancha o una victoria dependiendo de lo que ellos dicten, para cada mes. La moral es reversible espasmódica y repetidamente. A ritmo del discurso de turno. Y los valores no lo son.
Siempre vi a Colombia con gran amor y respeto. Pero ahora la abrazo como nuestra única salvación. Es como si nuestro Padre Libertador nos hubiera dejado una gran herencia. Escondida. Solo para ser usada en un remoto e impensable caso de necesidad extrema. La depositó tal vez de todas sus hijas, en la más conservadora. Y la que indefectiblemente siempre tendremos al lado.
Pues, su generosidad de visionario, rinde frutos ahora. Su previsión no pudo ser más acertada y oportuna. No pensó el Genio de América, que cayéramos tan bajo. Seguro tampoco calculó que esperáramos tanto. Que soportáramos tanto. Que nos humilláramos tanto... Y lo peor de todo, que nos desdibujáramos así.
Pero lo que ahora importa, es que acabada la horrenda pesadilla hemos de rehacernos. Y ello no será posible si un patrón. Un modelo. Un plano. Dónde estará la partitura para acordarnos de nuevo y sonar país. Cuál es la imagen que reflejáremos ahora que los espejos del gentilicio están rotos. Que reflejará al final, ese vitral retorcido por la marea roja, cuando frente a ésta, se coloque la nada en la cual nos convirtieron.
Es por ello que, a la patria le será de mucha utilidad, un espejo.
Un espejo al cual asomarnos de nuevo para reencontrar lo rasgos de nuestra identidad. Las facciones del gentilicio. El color de nuestra verdadera esencia. El sonido del amor en nuestro acento. Y el repique despreocupado y limpio de nuestra carcajada.
Ese espejo está al costado occidental de nuestra aporreada geografía. Es de ese lado que deberemos reencontrarnos. En su sobriedad nacional. En su recia moral de pueblo. En su estado de vigencia. Y en la huella profunda que acusa el paso de Bolívar por sus vidas, por su historia. Una historia común que nos debió hacer grandes a ambos. Una historia grandiosa aunque nos la hayan hecho desdichada en apariencia. En ellos debemos de reflejarnos. En un país que repite a diario la palabra Libertador, como un credo. Una oración de fe, en el mejor futuro.
Colombia fue destinada por Simón Bolívar para ser nuestra hermana mayor. Abracemos con emoción tricolor ese espejo de virtudes, donde se retrata lo que también nosotros fuimos, somos y volveremos a ser. Y mirándonos en esa digna imagen, recompongamos nuestra faz, que el tiempo nos irá enderezando la memoria, ahora manipulada con malicia. Pero eso sí, no volvamos jamás a soltarnos de la mano de los valores, principios y modos de hacer que nuestro Padre común nos impartió. Y rindamos el mejor homenaje a su memoria. Honremos su recuerdo mancillado y sus restos manoseados, haciendo realidad su sueño. Si Venezuela y Colombia conforman de una vez y para siempre el verdadero proyecto Bolivariano, él bajará tranquilo al sepulcro, seguramente murmurando en sonrisa... Mi Gran Colombia.
Frente Patriotico

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