La situación política que actualmente sobrelleva Venezuela ha puesto en evidencia, entre otras, la existencia de una crisis institucional que podría calificarse como recesiva en el sistema político nacional (lo político como estructura, proceso y resultado) desde comienzos del siglo XX. Situación esta que muestra la debilidad y fragilidad que existe en la estructura institucional del Estado.
Las instituciones no son otra cosa que pautas formales, informales, temporales o permanentes que cumplen funciones de regulación social entre los diferentes actores sociales individuales o colectivos; ellas intentan reducir la imprevisibilidad e incertidumbre que pueda surgir en la comunidad política derivada de las diferentes categorías de intereses, desigualdades entre individuos y los conflictos que en ella coexisten.
Las reglas del juego para que las instituciones funcionen armónica y equilibradamente, son creadas en la Constitución de la nación; ellas imprimen y delimitan la amplitud y profundidad de las relaciones reciprocas entre los funcionarios del Estado y los ciudadanos, también, son consecuencia de la dinámica histórica y del arraigo político, cultural, social que consiente y sustenta la conciencia colectiva.
El Estado, el ciudadano y las Fuerzas Armadas son instituciones políticas vinculadas entre sí por la necesidad de seguridad y defensa de la nación, que además, han vigorizado la estructura institucional en Venezuela facilitando la transición democrática, que luego de algunos contratiempos, funcionó hasta el 3 y 4 de febrero de 1992. A partir de allí, la ecuación política se desequilibra al romperse el acuerdo colectivo que cohesionaba socialmente a los ciudadanos.
Se profanaron las reglas del juego, asumido como un error militar.
El ejemplo más ostensible de esta vinculación en Venezuela se verifica en la segunda mitad del siglo XX, (1958-1992) cuando por vez primera el Estado venezolano utilizó la herramienta instituida para su seguridad y defensa; ejerce legal y legítimamente su capacidad coactiva (fuerza, influencia y autoridad) para anular la conspiración que el Partido Comunista Venezolano (PCV) había iniciado desde 1952; se reagrupan posteriormente, en 1958, con otros grupos conspirativos de izquierda, a partir de entonces, por la vía de la violencia armada, fijan a Venezuela como objetivo militar. Era igualmente Venezuela un objetivo político y energético de la Unión Soviética una vez convertida Cuba en la cabeza de playa comunista en América.
En 1992 se rompe el equilibrio institucional, no como casi todo el mundo afirma, como resultado por los cuartelazos militares de febrero y noviembre; mal podrían considerarse estos, por si solos, como los factores que (militaristas y golpistas) trasladaron a las corrientes radicales de izquierda al Poder de la mano Hugo Chávez Frías, recordemos que la rebelión militar fue derrotada por los factores democráticos de entonces, no así, el complot cívico-militar que continuo operando amparado y apoyado por importantes figuras (auto denominados notables) del ámbito político, económico, empresarial, medios, académico y militar de la nación.
Esta experiencia, desgajó el equilibrio y el vínculo institucional que precariamente existía en Venezuela, hoy es evidente que existía como objetivo primario la dislocación institucional del Estado, el ciudadano y las Fuerzas Armadas para acabar con la república.
Mario Iván Carratu Molina
micm45@gmail.com
@MICarratu
Artículo publicado en Venezuela Bussines News en Nueva York. Para ver en grande haz click en la imagen.
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