

Macky Arenas semana a semana...
Publicado el 04.04.2010 10:43
Por Macky Arenas
Así como hablar de “guerra sucia” resulta redundante, también lo es hablar de “guerra santa”. Estas, son una burda manipulación de las creencias y las primeras sencillamente no existen puesto que ninguna guerra es limpia. La Iglesia de Cristo ha sobrevivido a todos los conflictos en el inventario, el primero de los cuales terminó con la ejecución de su fundador, decidida por los implacables tribunales de la tolda que regía al planeta, Roma. Su resurrección fue el descrédito del poder absoluto. Cada Domingo de Resurrección nos recuerda esa victoria sobre la muerte y sobre el mal.Desde que el ángel visitó a María para anunciarle que traería al mundo al Hijo de Dios, hasta el sol de hoy, hay una sola cosa que resulta clara si la gracia de la fe nos acompaña: que esta Historia la conduce Dios. La Iglesia de Cristo está en este mundo pero no pertenece a este mundo. Y es que el Cristianismo no se reduce a
un sistema de pensamiento ni puede ser visto como un movimiento filosófico. Es una religión revelada que hizo reconocer al brillante polemista –por media vida no católico- G. K. Chesterton: “La Iglesia ha visto alzarse y caer imperios. Ha prevalecido sobre todo lo que pudo imaginar la mente humana en el transcurso de dos mil años. Las creaciones humanas son efímeras, un simple soplo en la vastedad del tiempo; la Piedra perdura”. Cuando en estos días presenciamos la inmunda campaña contra la Iglesia Católica y contra el Papa, que cobija sus ataques tras el escudo de la prensa anticlerical, es inevitable concluir que lo que se ha perdido en esta sociedad no es tanto la religión como la razón. Una especie de neopaganismo que recubre el corazón del Occidente cristiano que privilegia el escándalo sobre la tradición. Por eso no puede recordar las innumerables intervenciones del Papado a lo largo de la historia para mediar en pos de la paz y la humanidad. Tampoco puede entender que así como Pío XII y Juan Pablo II denunciaran al totalitarismo salvaje del fascismo y el comunismo que acechaban a la Iglesia desde fuera, Benedicto XVI hace frente, sin estridencia pero con firme resolución, para erradicar los vicios que desde dentro conspiran contra la integridad de la familia católica.
Esas son las grandes batallas, las que se libran contra la barbarie de nuestro curioso y moderno mundo que con facilidad encuentra culpable a la Iglesia católica de cosas que termina adoptando en forma degradada. Sustituyen a Dios por el caudillo, a la Iglesia por el partido, a la Cruz por la espada, a la religión por el poder y el emblemático caso de los moralistas protestantes quienes abolieron el confesionario que los sicoanalistas se han encargado de restaurar, como leí de fina pluma, “con todos sus supuestos peligros y ni una sola de sus reconocidas garantías”.La nueva buena noticia es que la Resurrección configuró una Nueva Alianza que se proyecta hasta el final de los tiempos, en la prometida compañía de Dios. Ninguna guerra puede tanto como para desvanecer aquella sentencia: “Ni las puertas del infierno podrán contra ella”. La “guerra sucia” intentará siempre socavar a la Iglesia. Hay un individuo llamado Satán que tiene siglos en eso y acumula tantos intentos como fracasos.

Macky Arenas
Socióloga y periodista
mackyar@gmail.com

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