

“Compatriota
Hugo Chávez Frías
Presidente de Venezuela
Presente.-
Me honro en dirigirme a usted, muy respetuosamente, con el propósito de solicitar ante el gobierno nacional, en nombre de la colectividad en general, la imperiosa necesidad de la aprobación de una Ley de Amnistía o sobreseimiento por parte de la Asamblea Nacional o el Primer Magistrado de la República Bolivariana de Venezuela, respectivamente.
En nombre de la libertad de quienes se encuentran en cada una de las “Cárceles de la dignidad”, como se ha hecho conocer ante el pueblo venezolano; es una fórmula para buscar la reconciliación, tranquilidad y paz social, y así poder frenar la grave crisis política que hoy atraviesa el país, con el deseo de encaminar hacia la confianza colectiva y la normalidad de Venezuela.
Apreciado compatriota, sentimos y estamos seguros que la acción que emprendemos, junto a otros sectores de la vida nacional, ejercerá la presión necesaria para que mediante los mecanismos legales establecidos, se apruebe la Ley de Amnistía o sobreseimiento que es una aspiración general de todos los venezolanos, en este tiempo de crisis que vive la Nación.
Sin otro particular a qué hacer referencia, quedamos de usted agradecidos con el sentimiento de la más alta y distinguida consideración y respeto.
Atentamente”…
El poder produce amnesia discrecional. Pero seguro que el Presidente Chávez reconoce en este texto la carta que con fecha 31 de julio de 1993, envió desde Yare al Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, en ese entonces Monseñor Ovidio Pérez Morales. Dicha carta iba firmada por sus compañeros de presidio, con él a la cabeza. Como es obvio, sólo cambiamos el destinatario –que es el Presidente-, el remitente –quien suscribe- y algunos detallitos como Asamblea en lugar de Congreso, además de agregarle a Venezuela lo de Bolivariana. El resto está intacto. Intacta la queja, intacta la exigencia, intacta la necesidad de un paso semejante para reencaminar al país. Intactas hasta las fallas de redacción de la carta original, cuya copia conservamos.
Hacemos votos porque el jerarca en el mando entienda que lo que fue bueno para él también lo es para quienes ahora sufren persecución y encierro, sin acumular estos las culpas que bien justificaban el encierro suyo en aquél entonces. Para él no sólo hubo una corta prisión sino un largo perdón que le extendió diez años de poder. La Iglesia Católica ante la que él acudía en solicitud de ayuda es la misma que hoy clama por justicia y libertad para quienes sufren. Cada día que los presos políticos, perseguidos y exiliados venezolanos pasan viviendo su calvario es un día en que volvemos los ojos a la Justicia Divina, seguros de que llegará de manera implacable: “Entended, pues, los que os olvidáis de Dios, no sea que os destroce, sin que haya quien os libre” (Salmo 49). El que tenga oídos, que oiga, señor presidente.-
Macky Arenas
Socióloga y periodista
mackyar@gmail.com

No hay comentarios:
Publicar un comentario