

Muy sencillo: al infierno y sin escalas! Suponemos que resultará mucho más difícil justificar a las puertas del cielo los actos omisión que cualquier otro pecado en inventario. Mantener la ilusión que nos inmoviliza es un acto de omisión. El asunto es grave puesto que permitimos la prolongación de una situación que perjudica a muchos por mucho tiempo. Cada promesa en la que creemos, cada acto que atribuimos a la buena fe del gobernante, cada día que pasa sin procurar los cambios en este país, agregan peso al saco de omisiones que cargamos sobre nuestras espaldas.
A estas alturas todavía hay quienes sustituyen la explicación por la propuesta. Estamos claros en el daño que quien detenta el poder en Venezuela le está ocasionando al país, pero desde las cúpulas políticas se insiste en el diagnóstico y esquivamos la solución. Se crea un espejismo, la alusión de que se está peleando con el régimen, de que se lucha y se avanza y así pasan los días. Los ilusos que se conforman también practican ese pedaleo fijo y son corresponsables del spinning político.
Si el jefe del régimen promete aumentos el iluso se aplaca. Si dan marcha atrás en la medida contra los centros comerciales, el iluso se come el cuento de que tenemos un gobierno que responde al clamor popular. Si no entregan la casita prometida, el iluso lo atribuye a la maluqueza de los colaboradores que no informan al mandante. Si intervienen bancos, el iluso jura y perjura que desde el poder se está dando la batalla contra la corrupción. Si el que les conté se declara marxista y cristiano a la vez, el iluso oye sólo lo segundo, como si fuera posible ignorar el abismo moral y doctrinal que se abre entre esas dos militancias. Si Rodriguez -el de Caracas- proclama que renunciará si no recoge hasta la última lata de las calles, el iluso ni siquiera recuerda que su jefe dijo lo mismo hace añales con respecto a los niños de la calle y aún está en su silla, tan fresco como una lechuga.
Si nos mandan a bañarnos con totuma, el iluso lo toma a chiste. Si nos roban hasta la manera de caminar, el iluso dice estar bendecido porque al menos está vivo. Si se tiran la suspensión de transmisiones de un canal y 40 emisoras de radio, el iluso se limita a cambiar el dial. Si aumenta el número de presos políticos, el iluso mira para otro lado mientras no sea con él. Si aprueban leyes que rechazamos en una consulta electoral, el iluso se dispone a concurrir a la próxima urna que se le atraviese. Si una propiedad es confiscada, el iluso vende la suya. Si los dólares se los reserva el gobierno, el iluso acude al paralelo. Si la cadena de insultos y amenazas se extiende, el iluso pone tapones en sus orejas.
Nos tapamos ojos, orejas y boca, convencidos de que la salud de la democracia nos impone la táctica del avestruz. Silbamos en la oscuridad cuando soslayamos las salidas constitucionales. Sustituimos la palabra Constitución por la palabra democracia como si ellas se excluyeran. Salimos de una ilusión para entrar en otra. Proporcionamos a la dictadura el margen de maniobra que le es tan útil. Y lo sabemos perfectamente. Vivimos la antesala al infierno del iluso.
Macky Arenas
Socióloga y periodista
mackyar@gmail.com

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