
Nadie debe tomar como anécdota exótica que una veintena de norteafricanos residentes en Tarragona secuestrara hace unos meses a una mujer acusada de adulterio para que un tribunal de diez hombres, piadosos salafistas, ordenara ejecutarla.Como acaba de saberse, la víctima salvó su vida huyendo en un descuido de sus verdugos y entregándose a la policía catalana, lo que permitió descubrir que en España ya se aplica la ley islámica, la sharia, cuyas penas llegan a la muerte por latigazos, degollamiento o lapidación.
Pero la opinión pública española ni se inmutó. Está narcotizada por el buenísimo, el multiculturalismo y el relativismo de la corrección política y de esa “Alianza de Civilizaciones” que ordena respetar las brutalidades de “otras culturas”, y que se autoinculpa porque hace muchos años sus antepasados hacían cosas parecidas.
El problema es mucho más grave, aparte de que puede afectar a un porcentaje menor o mayor de los 1,5 millones de mahometanos que se supone que hay en España, de los que 750.000 podrían ser mujeres, víctimas potenciales de los piadosos salafistas.
El problema, realmente, es que en parte de Europa comienza a aceptarse la sharia para resolver pequeños conflictos en la comunidad islámica, como ocurre en varias partes del Reino Unido donde los jueces, desbordados por el trabajo, ven un alivio en esas leyes.
Marya Shabir, musulmana y miembro de de la Coalición Nacional de la Mujer en el País de Gales, advierte que cuando hay tribunales islámicos y las musulmanas no acuden a ellos, sino a los ordinarios, son estigmatizadas y condenadas por su comunidad, incluso su familia, que exigen devolverlas a la esclavitud medieval.
Aceptada tácitamente la sharia, sus tribunales irán juzgando casos crecientemente importantes y dictarán más penas de muerte como la de Tarragona.
Manuel Molares do Val
molares@yahoo.es
*- Manuel Molares do Val (Nació en Vigo/Pontedeume, Galicia), trabajó para la Agencia EFE como corresponsal permanente en México, Bélgica, la República Popular China --el primer peridista español destinado allí--, y Estados Unidos. Fue enviado especial en todo tipo de acontecimientos en los cinco continentes. Sus crónicas se publicaron durante casi dos décadas en decenas de periódicos de la veintena de naciones hispanohablantes. Buena parte de ellas, traducidas por Gannet News Service, aparecieron en inglés en países como Estados Unidos, Reino Unido y Australia. Tras haber contribuido a formar varias promociones de periodistas y de alumnos del Master de Comunicación y Relaciones Internacionales EFE-Universidad Complutense, y aunque sigue impartiendo clases de Periodismo, en otoño de 2001 dejó EFE y la información forzosamente neutral y orientó su trabajo hacia el periodismo de opinión. Elabora desde entonces, diaria e ininterrumpidamente, desde cualquier parte del mundo gracias a Internet, su columna personal "Crónicas Bárbaras"

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